Desde la más temprana infancia, cuando jugábamos al “fulbito” nuestros mayores nos gritaban, pará la pelota, levantá la cabeza! y a partir de allí, entre otras cosas, podíamos crecer, nos íbamos diferenciando de ese modo en que juegan los mas chiquitos, todos atrás de la pelota.
Sin embargo, algunos hechos recientes nos advierten que a los adultos no solo nos cuesta parar la pelota, ni hablar de levantar la cabeza, sino especialmente lo que se hace ingobernable es saber perder.
Sin dudas es doloroso para un hincha que su equipo descienda, nos pasó a varios. Y si de un Titanic se trata resulta por lo menos impactante. Quizás porque solemos naturalizar aquello de que algunas cosas siempre fueron así y entonces ni nos animamos a suponer que pueden ser de otra forma. O es probable que sea realmente incómodo para buena parte de la sociedad, en sintonía con los medios (y viceversa) aceptar que hay cosas que pueden cambiar.
Hace solo un par de días, nuevamente la caída libre del exitismo contagioso, jugamos mal y los resultados de la copa América no son, por ahora, los esperados.
En los bares y las fabricas, en las oficinas y en las escuelas, en todos lados, vamos punteros, pero en el campeonato mundial del culpable. Buscamos culpables, y entonces casi sin juicio (pero no ese del “debido proceso”, sino el juicio que alude al uso de la razón) vamos despojándonos de lo más humano, insultamos a este o al otro, le deseamos peor vida y luego, desde la tribuna y también desde los micrófonos aparecen aquellos que piden linchamiento público. Quienes hace dos minutos eran Gardel y Le Pera se transforman en culpables, como si hubieran cometido un delito. Y no faltan aquellos dirigentes que van a la cabeza del razonamiento culpabilístico, se victimizan y señalan culpables, a los más jóvenes porque “hacen política”, a otros porque no lo dejan gobernar. Razonamientos que solo marcan la cancha estableciendo culpables y victimas, un esquema binario que simplifica las cosas, y nos hace creer que no pueden explicarse de otra forma.
Después nos sorprendemos cuando los medios de comunicación prenden las sirenas de alarma por la violencia en las escuelas, como si algunas de esas violencias pertenecieran a pequeños demonios que surgen por generación espontánea. Quiero decir, cuando los más chicos, o sea, nuestros hijos o alumnos reproducen ese razonamiento culpabilístico pasando en forma inmediata al golpe y enalteciendo la cultura del aguante.
Quizás sea momento para aprovechar la fuerza de esta violencia exitista, pero de otro modo. Tomar distancia de estos hechos y volver a mirar las mismas cuestiones, asumiendo una posición de responsabilidad, y un sincero hacerse cargo de uno mismo y de los otros. . En vez de culpar a los pibes porque fracasan en las escuelas, o porque son violentos, hacernos cargo de ellos como sociedad adulta y ofrecerles un mejor lugar, por más complicado que eso sea. Hacernos cargo, los que gobiernan, los dirigentes de los clubes, los DT , los jugadores, los que salen por la tele y los que vamos de a pie, y volver a encarar lo que sigue, con los costos que haya que asumir, pero no de culpabilidad, mejor que sea de responsabilidad. Lo anterior confunde o peor, ensucia la cancha, porque se asocia la culpa a una especie de delito. Culpable de robarnos algo, quizás la eternización del pasaporte en 1era división, o del don maradoniano contraído en el 86, quien sabe. Culpable de ser joven y depositario de las peores desconfianzas.
Será cuestión de echar menos la culpa y recoger más el guante, cada uno allí donde transita, cada uno con el tamaño de guante que le corresponde. Porque es posible que eso que se conoce como fracaso escolar no sea la culpa del adolescente que deja el colegio sino responsabilidad de esa escuela y de las políticas educativas. O que referirse a los pibes como la juventud perdida es la muestra más evidente del que renuncia a hacerse cargo. Y entonces la autoridad no se mide solo con la regla del castigo (que es lo que hace tope en las encuestas, como si resolviera algo) sino especialmente con la sensibilidad y la firmeza de adultos que se hacen responsables, que significa hacerse garantes de las generaciones más jóvenes.
Por otro lado, parece que seguimos anestesiados por buenas dosis del individualismo feroz de los 90 y del “self made man”, aunque circulen los discursos de que formamos equipos en todos lados. Nos creemos que el todo es solo la suma de las partes, y nada más alejado que eso cuando se trata de armar una construcción colectiva que logre aquello que se propone. Seducidos por los efectos del mercado construimos el valor de la selección por la suma en euros de lo que cotizan los jugadores, pero advertimos que el juego colectivo no responde a dichos parámetros. De muy pequeños nos vamos acostumbrando a significar las cosas con un precio y le asignamos vital importancia, entonces ni nos animamos a ponderar otros valores. Será por eso que en la escuela muchas veces las notas se parecen al dinero, porque se trata de eso que uno tiene que acumular para poder pasar (aprobar) y entonces se otorga poco o ningún sentido a lo que se enseña o se aprende. Quien saca mas nota puede competir mejor en el juego, ya sea el de alumno o el de docente, entonces puede ascender, de grado, de cargo. Qué curioso, en nuestro fútbol de cada día el descenso también depende de las notas, del promedio y esas cuentas…
Parar la pelota, levantar la cabeza y mirar a los compañeros es una condición necesaria para pasar la pelota, pero no para sacársela de encima, sino para hacerse cargo del pase e intentar ver como se puede construir en equipo. Y el error podrá ser más que objeto de sanción la mejor fuente de aprendizaje. Y saber perder, una condición de grandeza y madurez.
Armar equipo es un desafío que supone la construcción de un relato común, que nutre identidad colectiva, y que requiere de tiempo, de ese bien que tanto escasea. Armar equipo supone algo del mediano o del largo plazo y eso va a contramano de una sociedad que parece componerse de episodios y fragmentos, en la era de los medios y de la urgencia.
8 de julio de 2011
- Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Ex director de escuela secundaria. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.
http://alainet.org/active/47924&lang=es
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viernes, julio 22, 2011
viernes, junio 17, 2011
E A T: Encuentros y desencuentros entre jóvenes y adultos por el Lic. Gabriel Brener
Recurrimos a diferentes escenas de películas como disparadores para pensar y reflexionar sobre la adolescencia, encuentros o desencuentros generacionales y cómo todo esto impacta en la escuela secundaria. Y lo hacemos junto al Licenciado Gabriel Brenner, docente de la UBA e investigador del Proyecto UBACyT.
Parte I
Parte II
Parte I
Parte II
domingo, mayo 15, 2011
martes, abril 26, 2011
jueves, abril 21, 2011
sábado, abril 16, 2011
E A T: Escuela y Familia por el Lic. Gabriel Brener
Escuela y Familia
Por Gabriel Brener *
Familia y Escuela. Podríamos decir que nacieron juntas, al menos hay un tipo de familia y un tipo de escuela que solemos asociar rápidamente. Por un lado, aquello que llamamos familia nuclear, (padre proveedor/jefe, madre cuidadora de hijos y menesteres domésticos y los pequeños, mejor siempre “parejita”, uno con el camioncito y ella con su muñeca). Por otro lado, la escuela, pero más precisamente aquella que identificamos como parte de un sistema educativo, quizás es el más claro ejemplo de institución moderna al mismo tiempo que constructora de modernidad. Me refiero a la escuela como artífice de los Estados Nacionales atravesada por las coordenadas del capitalismo taylofordista como matriz de su organización del tiempo, espacio y quehaceres de la instrucción masiva.
También podríamos decir que hay una noción de infancia que es cómplice de esa relación fundacional entre familia y escuela, concibiendo al niño como un ser en miniatura, inacabado, que debe sujetarse y completarse. Es probable que al hacer referencia al pacto entre familia y escuela, se ponga de relieve una necesidad inaugural de hacerse cargo del control y disciplinamiento de los mas bajitos, y que esta haya sido piedra angular de este matrimonio por conveniencia.
Podríamos sugerir que se trata de una relación más por necesidad que por convicción, signada por diversos modos de encuentros y desencuentros. Una alianza que persistió durante buena parte del siglo XX en la que cada cual se hacía cargo de su puerta para adentro y la otra parte permanecía relativamente tranquila con la sensación de continuidad de algo de lo propio en lo ajeno.
Los desencuentros entre escuela y familia no pueden desligarse de una serie de transformaciones económicas, sociales y culturales que han modificado sustancialmente nuestra sociedad. Cambios en las formas de vivir en familia, en las pluralidad de familias (monoparentales, ensambladas, de parejas homosexuales, etc.) pero especialmente cambios en el reconocimiento social de estas mutaciones.
La expansión y masificación de la escuela, en especial en la secundaria, contribuye a la aceleración y amplificación de diversos tipos de desencuentros. Expresa una paradoja que debemos resolver. Una escuela diseñada para una elite colisiona con otra que pretende incluir a todos los alumnos en edad de asistir, con el respaldo de una ley nacional de educación, la escuela como derecho social y la inclusión escolar como política Estado.
Un edificio, unos contenidos, unos profesores, y toda una cultura escolar en torno a un ideal de alumno que muchas veces no es el que ingresa por la puerta de las escuelas del siglo XXI, sino el que permanece en la cabeza (en los deseos, en los cálculos) de mucho adultos.
Hay una concepción clasemediera que persiste en el sentido común escolar, como lo deseable, lo esperable y patrón de medida excluyente. Invisibilizando, postergando, a veces estigmatizando otras manifestaciones culturales, en especial aquellas ligadas a los sectores populares.
Vale decir que hace un buen rato, o unas décadas que algo en esta relación se ha puesto muy difícil. Familia y escuela se necesitan mutuamente, pero se desconfían con la misma intensidad que se precisan. Pongámoslo en palabras de algunos docentes…. La familia no nos apoya, Si ellos no ayudan nosotros no podemos, sin una familia bien constituida no se puede, con estos pibes no se puede, etc.… Es decir que, desde la escuela se pide (ruega) apoyo de los padres, pero cuando estos participan aparece una inmediata sensación de invasión. Cuando no están quisiéramos que nos acompañen y cuando están, no se estarán metiendo mucho?
Hagamos un ejercicio mental. Saquemos dos fotos, frente a una calificación negativa de un chico o un problema con las normas. Una en la década del 60 del siglo pasado y otra más actual:
• Si te lo puso tu maestro tendrá sus razones, y luego las penitencias, castigos y reprimendas!!
• Quien es y donde está ese tipo que lo voy a buscar!!
Es interesante destacar una cuestión, un punto de inflexión en esta relación. En los meses posteriores a la crisis que vivimos en 2001, la escuela fue de los muy pocos espacios públicos que permaneció de puertas abiertas a la sociedad. Y en esta exposición, frente a tantos malestares y padecimientos de la sociedad fue, en muchas ocasiones, depositaria de enojos o agresiones que no eran para la escuela, pero allí estaba la escuela atendiendo cara a cara y no con contestador telefónico que solo permite marcar 1 si es para esto y 2 si es para lo otro, ampliando la furia de quien escucha que luego explota en cualquier lado.
La asimetría entre adultos y alumnos, que antes era un punto de partida indiscutible, casi religioso, del orden de lo inalterable, nos revela que se trataba de una autoridad que se autorizaba en la fuerza del mandato, de tinte autoritario y paternalista. La relación entre familias y escuela también parecía funcionar en torno a esta lógica. El asunto era que una (en especial la familia) se adaptara a los requerimientos de la otra (la escuela). Me parece que en vez de pretender un acuerdo o pacto para salir del paso, o lamentarse por su mayor o menor eficacia lo que puede ser valioso es dar cuenta de los contenidos de esta relación, de algunas claves para pensarla en las condiciones de esta época: El desafío pasaría por sostener la asimetría como condición fundante entre generaciones, asimetría que hay que dotar de sentido, que no hay que suponer como hecha de antemano, que hay que construir acorde a los diversos contextos. Asimetría que en vez de ajustarse a un mandato inalterable se sostenga en la idea de una responsabilidad adulta que garantice (en el sentido de “hacerse garante”) las mejores condiciones de transmisión y cuidado hacia las nuevas generaciones.
Quizás se trate de una escuela que se anime a democratizar sus representaciones sobre “la familia”, haciéndole lugar a la pluralidad de formas de vivir en familia, así como a las manifestaciones sociales, religiosas, culturales que cada alumno/a trae consigo. Un lugar más autentico que la notificación de la firma, que inaugure nuevas formas para dialogar y compartir, para aprender mutuamente, que no es otra cosa que un gesto de reconocimiento sincero y de sentida bienvenida hacia los niños y adolescentes que habitan las escuelas.
Quizás se trate de una familia que apueste e interpele a la escuela como el primer ámbito público institucional en el que sus hijos puedan aprender los medios de orientación necesarios para acceder a una ciudadanía activa y democrática, un espacio de encuentro con los otros parecidos y los otros diferentes, los de más acá y los de más allá.
El desafío es construir una relación más fluida y auténtica entre familias y escuelas, cada cual con sus ámbitos de autoridad, pero con más confianza, con acuerdos sujetos a revisión cada tanto, una escuela que acompañe a la familia y viceversa. Que la mira esté puesta en la enseñanza y el cuidado de chicos y chicas, asunto que siempre, debe estar por encima de todo.
Quizás quien mejor ponga letra sea el tan querido Mario Benedetti cuando sugiere en primera persona del plural
“Hagamos un trato,
compañera usted sabe
puede contar conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo
(…) hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
usted sabe que puede
contar conmigo.
Columna de Educación del miércoles 23 de Marzo de 2011, en el programa Uno nunca sabe, por las mañanas de la Radio AM 750. Buenos Aires. Argentina.
* Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Ex director de colegio secundario. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.
FUENTE: http://www.elortiba.org/notatapa22.html
Por Gabriel Brener *
Familia y Escuela. Podríamos decir que nacieron juntas, al menos hay un tipo de familia y un tipo de escuela que solemos asociar rápidamente. Por un lado, aquello que llamamos familia nuclear, (padre proveedor/jefe, madre cuidadora de hijos y menesteres domésticos y los pequeños, mejor siempre “parejita”, uno con el camioncito y ella con su muñeca). Por otro lado, la escuela, pero más precisamente aquella que identificamos como parte de un sistema educativo, quizás es el más claro ejemplo de institución moderna al mismo tiempo que constructora de modernidad. Me refiero a la escuela como artífice de los Estados Nacionales atravesada por las coordenadas del capitalismo taylofordista como matriz de su organización del tiempo, espacio y quehaceres de la instrucción masiva.
También podríamos decir que hay una noción de infancia que es cómplice de esa relación fundacional entre familia y escuela, concibiendo al niño como un ser en miniatura, inacabado, que debe sujetarse y completarse. Es probable que al hacer referencia al pacto entre familia y escuela, se ponga de relieve una necesidad inaugural de hacerse cargo del control y disciplinamiento de los mas bajitos, y que esta haya sido piedra angular de este matrimonio por conveniencia.
Podríamos sugerir que se trata de una relación más por necesidad que por convicción, signada por diversos modos de encuentros y desencuentros. Una alianza que persistió durante buena parte del siglo XX en la que cada cual se hacía cargo de su puerta para adentro y la otra parte permanecía relativamente tranquila con la sensación de continuidad de algo de lo propio en lo ajeno.
Los desencuentros entre escuela y familia no pueden desligarse de una serie de transformaciones económicas, sociales y culturales que han modificado sustancialmente nuestra sociedad. Cambios en las formas de vivir en familia, en las pluralidad de familias (monoparentales, ensambladas, de parejas homosexuales, etc.) pero especialmente cambios en el reconocimiento social de estas mutaciones.
La expansión y masificación de la escuela, en especial en la secundaria, contribuye a la aceleración y amplificación de diversos tipos de desencuentros. Expresa una paradoja que debemos resolver. Una escuela diseñada para una elite colisiona con otra que pretende incluir a todos los alumnos en edad de asistir, con el respaldo de una ley nacional de educación, la escuela como derecho social y la inclusión escolar como política Estado.
Un edificio, unos contenidos, unos profesores, y toda una cultura escolar en torno a un ideal de alumno que muchas veces no es el que ingresa por la puerta de las escuelas del siglo XXI, sino el que permanece en la cabeza (en los deseos, en los cálculos) de mucho adultos.
Hay una concepción clasemediera que persiste en el sentido común escolar, como lo deseable, lo esperable y patrón de medida excluyente. Invisibilizando, postergando, a veces estigmatizando otras manifestaciones culturales, en especial aquellas ligadas a los sectores populares.
Vale decir que hace un buen rato, o unas décadas que algo en esta relación se ha puesto muy difícil. Familia y escuela se necesitan mutuamente, pero se desconfían con la misma intensidad que se precisan. Pongámoslo en palabras de algunos docentes…. La familia no nos apoya, Si ellos no ayudan nosotros no podemos, sin una familia bien constituida no se puede, con estos pibes no se puede, etc.… Es decir que, desde la escuela se pide (ruega) apoyo de los padres, pero cuando estos participan aparece una inmediata sensación de invasión. Cuando no están quisiéramos que nos acompañen y cuando están, no se estarán metiendo mucho?
Hagamos un ejercicio mental. Saquemos dos fotos, frente a una calificación negativa de un chico o un problema con las normas. Una en la década del 60 del siglo pasado y otra más actual:
• Si te lo puso tu maestro tendrá sus razones, y luego las penitencias, castigos y reprimendas!!
• Quien es y donde está ese tipo que lo voy a buscar!!
Es interesante destacar una cuestión, un punto de inflexión en esta relación. En los meses posteriores a la crisis que vivimos en 2001, la escuela fue de los muy pocos espacios públicos que permaneció de puertas abiertas a la sociedad. Y en esta exposición, frente a tantos malestares y padecimientos de la sociedad fue, en muchas ocasiones, depositaria de enojos o agresiones que no eran para la escuela, pero allí estaba la escuela atendiendo cara a cara y no con contestador telefónico que solo permite marcar 1 si es para esto y 2 si es para lo otro, ampliando la furia de quien escucha que luego explota en cualquier lado.
La asimetría entre adultos y alumnos, que antes era un punto de partida indiscutible, casi religioso, del orden de lo inalterable, nos revela que se trataba de una autoridad que se autorizaba en la fuerza del mandato, de tinte autoritario y paternalista. La relación entre familias y escuela también parecía funcionar en torno a esta lógica. El asunto era que una (en especial la familia) se adaptara a los requerimientos de la otra (la escuela). Me parece que en vez de pretender un acuerdo o pacto para salir del paso, o lamentarse por su mayor o menor eficacia lo que puede ser valioso es dar cuenta de los contenidos de esta relación, de algunas claves para pensarla en las condiciones de esta época: El desafío pasaría por sostener la asimetría como condición fundante entre generaciones, asimetría que hay que dotar de sentido, que no hay que suponer como hecha de antemano, que hay que construir acorde a los diversos contextos. Asimetría que en vez de ajustarse a un mandato inalterable se sostenga en la idea de una responsabilidad adulta que garantice (en el sentido de “hacerse garante”) las mejores condiciones de transmisión y cuidado hacia las nuevas generaciones.
Quizás se trate de una escuela que se anime a democratizar sus representaciones sobre “la familia”, haciéndole lugar a la pluralidad de formas de vivir en familia, así como a las manifestaciones sociales, religiosas, culturales que cada alumno/a trae consigo. Un lugar más autentico que la notificación de la firma, que inaugure nuevas formas para dialogar y compartir, para aprender mutuamente, que no es otra cosa que un gesto de reconocimiento sincero y de sentida bienvenida hacia los niños y adolescentes que habitan las escuelas.
Quizás se trate de una familia que apueste e interpele a la escuela como el primer ámbito público institucional en el que sus hijos puedan aprender los medios de orientación necesarios para acceder a una ciudadanía activa y democrática, un espacio de encuentro con los otros parecidos y los otros diferentes, los de más acá y los de más allá.
El desafío es construir una relación más fluida y auténtica entre familias y escuelas, cada cual con sus ámbitos de autoridad, pero con más confianza, con acuerdos sujetos a revisión cada tanto, una escuela que acompañe a la familia y viceversa. Que la mira esté puesta en la enseñanza y el cuidado de chicos y chicas, asunto que siempre, debe estar por encima de todo.
Quizás quien mejor ponga letra sea el tan querido Mario Benedetti cuando sugiere en primera persona del plural
“Hagamos un trato,
compañera usted sabe
puede contar conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo
(…) hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
usted sabe que puede
contar conmigo.
Columna de Educación del miércoles 23 de Marzo de 2011, en el programa Uno nunca sabe, por las mañanas de la Radio AM 750. Buenos Aires. Argentina.
* Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Ex director de colegio secundario. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.
FUENTE: http://www.elortiba.org/notatapa22.html
miércoles, marzo 30, 2011
E A T: "Patada de Estado" por el Lic. Gabriel Brener
I
Corría Marzo del 99 y yo trabajaba como director de un secundario, apenas un año llevaba en ese cargo y entendí que la mañana del 24 tenía que conversar con los y las adolescentes. Fue así que ingresé en cada una de las aulas para abrir diálogo sobre el 23 aniversario de ese oscuro día y lo que significaba para nuestra sociedad, para la democracia.
Al día siguiente, cuando llego a la escuela se presenta un padre, notablemente irritado y pide conversar conmigo. Apenas ingresa a la dirección pregunta si el día anterior se estuvo hablando del golpe de Estado. No solo le respondo afirmativamente sino que le cuento que fui yo quien recorrió las aulas. Ahí nomas y con tono desafiante me dice que si le habíamos dado al alumnado una versión de los hechos, o más precisamente, el punto de vista de uno de los bandos, el sentía la obligación de contar la óptica del otro bando. Me impacto su comentario, lo sentía extemporáneo, pero frente a su rápida reacción intente lo mismo afirmándole que aquí no se había dado la versión de ningún bando, sino una posición clara que se identifica con la defensa insustituible del Estado de Derecho. Y agregué que se estaba condenando a una dictadura que se apropió de bebes, persiguió, torturó y asesinó a gran parte de la población, con 30.000 desaparecidos como una trágica prueba, entre otras.
II
24 de Marzo, escuela primaria, está por empezar la jornada de clases, Marta la seño de segundo esta algo molesta y en una charla de pasillo con una de sus colegas le aclara que no va a tratar el tema de los militares, el golpe y esas cosas, que ella no tiene porque meterle en la cabeza a los chicos estos embrollos de hace tantos años, que además son muy chicos y que cada 24 todo esto la tiene un poco cansada … al fin y al cabo dice que ella de política no entiende y que se lo explican los padres, cada uno sabrá que hacer. Así que su decisión es ir por mas matemática que eso si es necesario.
III
No se trata de una elección personal, atada a la voluntad de cómo se levanta un docente en esa mañana de Marzo, tampoco es cuestión de andar haciendo encuestas a los padres para ver cuál es su decisión. El 24 de Marzo simboliza la necesidad como sociedad de hacer memoria, y conocer qué, quiénes y porqué. Transmitir la gravedad que implica la interrupción por la fuerza de un Estado de derecho y la instalación del terror a través de la persecución, desaparición y muerte de gran parte de la población, del robo sistemático y apropiación ilegal de bebes.
El padre puede estar molesto, pero nunca interrumpir el deber de la escuela como garante de la socialización de las nuevas generaciones en su derecho de preservar la defensa de la democracia. De aprender qué significa vivir en democracia y la necesidad de cuidarla, defenderla y mejorarla. La responsabilidad de enseñar qué fue la dictadura para que nunca más volvamos a cometer estos errores como sociedad, puesto que no se trato de unos militares locos y malos que no tenían otra cosa que hacer.
Por otro lado estimado padre, al plantear esta cuestión de los dos bandos, de una guerra y los dos demonios Ud. le hace trampa a la historia. Y digo esto porque en las escuelas muchas veces al tratar diversas temáticas de nuestra historia o de la sociedad solemos caer en argumentaciones de tipo binarias que explican, o mejor dicho reducen fenómenos muy complejos a un asunto de “buenos y malos”. Y aquí no se trata de una reducción binaria sino de algo que nos enmudeció como sociedad, tiene nombre y se llama terrorismo de Estado, o plan sistemático de exterminio o si Ud. prefiere, holocausto.
Esta opinión de un padre de una escuela me lleva a pensar las condiciones que hicieron posible a esta dictadura y no solo la complicidad de empresarios, medios de comunicación, Iglesia y demás corporaciones de poder, sin dudas decisivas para la concreción de tan macabro plan, sino también la complicidad de hombres y mujeres de a pié que apoyaron expresa o disimuladamente las acciones del terror.
La Srta. Marta puede tener fastidio pero no puede desconocer que enseñar sobre la dictadura no es opción a la carta según el piaccere pedagógico sino responsabilidad indelegable de la escuela y sus representantes ante los alumnos. Srta. Marta, usted puede pensar esto y lo otro y también aquello sobre cualquier tema, sobre este también, pero aquí no es un asunto suyo, solamente. Aunque a veces en la escuela funcione eso de cierro la puerta y hago lo que me plazca, Ud. es depositaria de un pasado y responsable por el presente y futuro de estos niños, Ud. es una representante del Estado ante y por ellos. Los derechos humanos son política de Estado porque existió una infatigable lucha social que encabezaron Madres y Abuelas de Plaza de Mayo junto a otros organismos, y porque sigue siendo una lucha actual por el esclarecimiento, por la justicia, por saber que fue de sus familiares, por recuperar las identidades de los nietos. Razones que jerarquizan su presencia en el currículum de la escuela al mismo tiempo que expresan un derecho de aprendizaje para cada uno de sus alumnos y alumnas.
El curriculum es una norma pública que define los lineamientos de la política educativa, organiza y orienta la enseñanza de diversos contenidos. La escuela para los chicos es el primer ámbito formal de ciudadanía, y por tanto es un espacio crucial para que los docentes los ayuden a incorporarse en la vida democrática de la sociedad. A contramano de la maestra como segunda madre y la escuela como segundo hogar , metáforas que repliegan estas funciones al ámbito de lo privado( con un claro sesgo sexista) el desafío es pensar a la institución formadora como escuela de ciudadanía democrática y a sus docentes como los primeros adultos referentes, por fuera de las familias, que inviten a recorrer un camino de transmisión cultural, como mediadores para el aprendizaje de lo público y lo común para convivir en una mejor democracia.
IV
Al contarnos sobre lo conversado en la escuela, Violeta, mi hija que va a segundo grado, suelta sus palabras, “hablamos sobre la patada de Estado”… rápidamente se corrige (aunque solo por apegarse fielmente al relato, no porque ese término le resultara inapropiado)…” el golpe de Estado”.
Quizás estas palabras de Violeta me permiten decir que así como es responsabilidad indelegable de la escuela enseñar que significó la dictadura militar, también lo es estar preparados para escuchar, para hacerle lugar a todo aquello que los más pequeños y los adolescentes tienen para decirnos, sus formas de comprender e interpretar este ejercicio de memoria histórica.
Podríamos afirmar que lo que está en juego no es otra cosa que el ejercicio de responsabilidad generacional de pasar la posta, y se me cruza una imagen, que la ensayo como metáfora. Es la del testimonio que se pasa de mano en mano en la disciplina atlética de la carrera de postas. Hay un atleta que viene corriendo, que le pasa el testimonio a otro que recién comienza a correr. De lo que allí suceda, de cómo resuelvan ese instante fugaz pero crucial, dependerá la potencia de lo que ocurrirá.
Enseñar y aprender sobre el 24 de marzo y la triste noche de la dictadura puede convertirse en una cita muy valiosa entre generaciones, y su riqueza estará sujeta a que ese encuentro no solo contemple el pasaje del testimonio sino el hacer lugar a la aparición de algo nuevo, lo que traen los más pequeños, y esa diferencia será lo que reafirme el acto de transmisión, la continuidad entre generaciones, con la impronta de la confianza, pero de esa que se arriesga a lo novedoso sin la necesidad de controlarlo.
En estos días una nota periodística [I] me hizo recordar una entrevista efectuada por un noticiero de la época a un teniente coronel que ejercía como funcionario de algún ministerio, a quien le preguntaron: “– ¿Por qué razón los jóvenes tienden a rebelarse ante la autoridad? La respuesta fue: –Algunos jóvenes padecen de lo que yo llamo exceso de pensamiento “
A confesión de parte que mejor que responder con la más tierna poesía de alguien que hizo del respeto por los chicos, de la libertad y la democracia una marca registrada del teatro infantil argentino. Vaya un sentido homenaje a Hugo Midón[II],
“Cortitos, los tengo que tener cortitos
Limpitos los payasitos
Lindos, buenos y mansitos para que vuelen bajito y no vayan mas allá”.[III]
- Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.
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[I] http://tiempo.elargentino.com/notas/como-explicarles-horror-los-chicos
[II]Hugo Midón falleció el viernes 25 de Marzo de 2011.
[III]En Vivitos y coleando Vol. Letra: Hugo Midon, música: Carlos Gianni
Corría Marzo del 99 y yo trabajaba como director de un secundario, apenas un año llevaba en ese cargo y entendí que la mañana del 24 tenía que conversar con los y las adolescentes. Fue así que ingresé en cada una de las aulas para abrir diálogo sobre el 23 aniversario de ese oscuro día y lo que significaba para nuestra sociedad, para la democracia.
Al día siguiente, cuando llego a la escuela se presenta un padre, notablemente irritado y pide conversar conmigo. Apenas ingresa a la dirección pregunta si el día anterior se estuvo hablando del golpe de Estado. No solo le respondo afirmativamente sino que le cuento que fui yo quien recorrió las aulas. Ahí nomas y con tono desafiante me dice que si le habíamos dado al alumnado una versión de los hechos, o más precisamente, el punto de vista de uno de los bandos, el sentía la obligación de contar la óptica del otro bando. Me impacto su comentario, lo sentía extemporáneo, pero frente a su rápida reacción intente lo mismo afirmándole que aquí no se había dado la versión de ningún bando, sino una posición clara que se identifica con la defensa insustituible del Estado de Derecho. Y agregué que se estaba condenando a una dictadura que se apropió de bebes, persiguió, torturó y asesinó a gran parte de la población, con 30.000 desaparecidos como una trágica prueba, entre otras.
II
24 de Marzo, escuela primaria, está por empezar la jornada de clases, Marta la seño de segundo esta algo molesta y en una charla de pasillo con una de sus colegas le aclara que no va a tratar el tema de los militares, el golpe y esas cosas, que ella no tiene porque meterle en la cabeza a los chicos estos embrollos de hace tantos años, que además son muy chicos y que cada 24 todo esto la tiene un poco cansada … al fin y al cabo dice que ella de política no entiende y que se lo explican los padres, cada uno sabrá que hacer. Así que su decisión es ir por mas matemática que eso si es necesario.
III
No se trata de una elección personal, atada a la voluntad de cómo se levanta un docente en esa mañana de Marzo, tampoco es cuestión de andar haciendo encuestas a los padres para ver cuál es su decisión. El 24 de Marzo simboliza la necesidad como sociedad de hacer memoria, y conocer qué, quiénes y porqué. Transmitir la gravedad que implica la interrupción por la fuerza de un Estado de derecho y la instalación del terror a través de la persecución, desaparición y muerte de gran parte de la población, del robo sistemático y apropiación ilegal de bebes.
El padre puede estar molesto, pero nunca interrumpir el deber de la escuela como garante de la socialización de las nuevas generaciones en su derecho de preservar la defensa de la democracia. De aprender qué significa vivir en democracia y la necesidad de cuidarla, defenderla y mejorarla. La responsabilidad de enseñar qué fue la dictadura para que nunca más volvamos a cometer estos errores como sociedad, puesto que no se trato de unos militares locos y malos que no tenían otra cosa que hacer.
Por otro lado estimado padre, al plantear esta cuestión de los dos bandos, de una guerra y los dos demonios Ud. le hace trampa a la historia. Y digo esto porque en las escuelas muchas veces al tratar diversas temáticas de nuestra historia o de la sociedad solemos caer en argumentaciones de tipo binarias que explican, o mejor dicho reducen fenómenos muy complejos a un asunto de “buenos y malos”. Y aquí no se trata de una reducción binaria sino de algo que nos enmudeció como sociedad, tiene nombre y se llama terrorismo de Estado, o plan sistemático de exterminio o si Ud. prefiere, holocausto.
Esta opinión de un padre de una escuela me lleva a pensar las condiciones que hicieron posible a esta dictadura y no solo la complicidad de empresarios, medios de comunicación, Iglesia y demás corporaciones de poder, sin dudas decisivas para la concreción de tan macabro plan, sino también la complicidad de hombres y mujeres de a pié que apoyaron expresa o disimuladamente las acciones del terror.
La Srta. Marta puede tener fastidio pero no puede desconocer que enseñar sobre la dictadura no es opción a la carta según el piaccere pedagógico sino responsabilidad indelegable de la escuela y sus representantes ante los alumnos. Srta. Marta, usted puede pensar esto y lo otro y también aquello sobre cualquier tema, sobre este también, pero aquí no es un asunto suyo, solamente. Aunque a veces en la escuela funcione eso de cierro la puerta y hago lo que me plazca, Ud. es depositaria de un pasado y responsable por el presente y futuro de estos niños, Ud. es una representante del Estado ante y por ellos. Los derechos humanos son política de Estado porque existió una infatigable lucha social que encabezaron Madres y Abuelas de Plaza de Mayo junto a otros organismos, y porque sigue siendo una lucha actual por el esclarecimiento, por la justicia, por saber que fue de sus familiares, por recuperar las identidades de los nietos. Razones que jerarquizan su presencia en el currículum de la escuela al mismo tiempo que expresan un derecho de aprendizaje para cada uno de sus alumnos y alumnas.
El curriculum es una norma pública que define los lineamientos de la política educativa, organiza y orienta la enseñanza de diversos contenidos. La escuela para los chicos es el primer ámbito formal de ciudadanía, y por tanto es un espacio crucial para que los docentes los ayuden a incorporarse en la vida democrática de la sociedad. A contramano de la maestra como segunda madre y la escuela como segundo hogar , metáforas que repliegan estas funciones al ámbito de lo privado( con un claro sesgo sexista) el desafío es pensar a la institución formadora como escuela de ciudadanía democrática y a sus docentes como los primeros adultos referentes, por fuera de las familias, que inviten a recorrer un camino de transmisión cultural, como mediadores para el aprendizaje de lo público y lo común para convivir en una mejor democracia.
IV
Al contarnos sobre lo conversado en la escuela, Violeta, mi hija que va a segundo grado, suelta sus palabras, “hablamos sobre la patada de Estado”… rápidamente se corrige (aunque solo por apegarse fielmente al relato, no porque ese término le resultara inapropiado)…” el golpe de Estado”.
Quizás estas palabras de Violeta me permiten decir que así como es responsabilidad indelegable de la escuela enseñar que significó la dictadura militar, también lo es estar preparados para escuchar, para hacerle lugar a todo aquello que los más pequeños y los adolescentes tienen para decirnos, sus formas de comprender e interpretar este ejercicio de memoria histórica.
Podríamos afirmar que lo que está en juego no es otra cosa que el ejercicio de responsabilidad generacional de pasar la posta, y se me cruza una imagen, que la ensayo como metáfora. Es la del testimonio que se pasa de mano en mano en la disciplina atlética de la carrera de postas. Hay un atleta que viene corriendo, que le pasa el testimonio a otro que recién comienza a correr. De lo que allí suceda, de cómo resuelvan ese instante fugaz pero crucial, dependerá la potencia de lo que ocurrirá.
Enseñar y aprender sobre el 24 de marzo y la triste noche de la dictadura puede convertirse en una cita muy valiosa entre generaciones, y su riqueza estará sujeta a que ese encuentro no solo contemple el pasaje del testimonio sino el hacer lugar a la aparición de algo nuevo, lo que traen los más pequeños, y esa diferencia será lo que reafirme el acto de transmisión, la continuidad entre generaciones, con la impronta de la confianza, pero de esa que se arriesga a lo novedoso sin la necesidad de controlarlo.
En estos días una nota periodística [I] me hizo recordar una entrevista efectuada por un noticiero de la época a un teniente coronel que ejercía como funcionario de algún ministerio, a quien le preguntaron: “– ¿Por qué razón los jóvenes tienden a rebelarse ante la autoridad? La respuesta fue: –Algunos jóvenes padecen de lo que yo llamo exceso de pensamiento “
A confesión de parte que mejor que responder con la más tierna poesía de alguien que hizo del respeto por los chicos, de la libertad y la democracia una marca registrada del teatro infantil argentino. Vaya un sentido homenaje a Hugo Midón[II],
“Cortitos, los tengo que tener cortitos
Limpitos los payasitos
Lindos, buenos y mansitos para que vuelen bajito y no vayan mas allá”.[III]
- Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.
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[I] http://tiempo.elargentino.com/notas/como-explicarles-horror-los-chicos
[II]Hugo Midón falleció el viernes 25 de Marzo de 2011.
[III]En Vivitos y coleando Vol. Letra: Hugo Midon, música: Carlos Gianni
miércoles, marzo 09, 2011
E A T: "Ellas y ellos en la escuela" por el Lic. Gabriel Brener
Manuel tiene 5 años, es domingo y va para la cancha con su papá, se detienen en un kiosco por una gaseosa, a él lo tienta una atractiva muñeca con los colores de su equipo y le pide a su papá si se la puede comprar. El kiosquero interrumpe su deseo y con su mejor sonrisa pedagógica señala que es para una nena. Ya en la cancha de su equipo del alma, subiendo con prisa los escalones de la popular, Manuel tropieza y se golpea una rodilla, y el grito de su llanto se confunde con el ensordecedor recibimiento del local. Aunque un testigo de su llanto lo palmea en la espalda y le agrega, vamos nene que los hombres no lloran! Luego de un rato la impaciencia del empate se apodera de la hinchada y entonces el cantito de siempre crece como una ola… a estos putos le tenemos que ganar!...
Una escena de domingo, un padre y su hijo. Al día siguiente la escuela, preescolar, Manuel llega con su bolsita celeste, igual que sus amigos, las de las nenas son rosas. Las cuelgan en percheros diseñados por sus maestras, con leones para ellos y flores para ellas.
Lo masculino y lo femenino no es algo que venga dado, aunque algunas de las cuestiones mencionadas parezcan tan naturales como la puesta del sol. Se trata de una construcción que tiene mucha historia y que siempre está condicionada por el contexto en que se vive, el tipo de sociedad y familia de pertenencia, y ciertas circunstancias políticas, sociales y culturales. Que un pibe vaya a la cancha con su papá, que la muñeca sea para una nena, que hay colores o animales para ellos y para ellas, que llorar no es cosa de nenes, son patrones culturales que se van aprendiendo.
En las escuelas existe lo que se conoce como curriculum formal u oficial, es decir un conjunto de conocimientos, valores, habilidades que la escuela tiene que enseñar. Podríamos pensarlo como una norma pública que el Estado tiene que garantizar a la población estudiantil. La ley de Educación sexual (2006) es un ejemplo de norma pública. Otro muy reciente que abarca a toda la sociedad es la ley de matrimonio igualitario (2010). Aunque una como otra sean valiosos y necesarios puntos de partida no garantizan por si solas el cumplimiento de dichas normas. Hay muchas escuelas que por razones religiosas o de otro tipo miran para otro lado, y de educación sexual, bien gracias. También hay jueces que se han resistido a casar personas del mismo sexo.
Pero así como hay cosas que se dicen, se votan, se convierten en leyes, hay muchas otras que no se dicen, de las que no se habla y suelen atar creencias, vivencias y formas de vida con mucha fuerza. En la escuela también existe lo que se conoce como curriculum oculto, que refiere a diversos saberes, normas, valores, acciones que los adultos transmiten cotidianamente sin ser absolutamente conscientes de dicho pasaje. Y justamente en la condición tácita de dicha transmisión reside su mayor eficacia. Allí entonces se ponen en juego y ponderan las desiguales relaciones de poder entre varones y mujeres, padres y madres, pobres y ricos como una cosa natural. Quizás, para comprender mejor esta noción de curriculum oculto en la escuela bien vale la comparación de lo que a uno le sucede como padre en torno a la crianza de sus hijos. Notamos que ellos aprenden no tanto por lo que les decimos que hagan, sino especialmente por lo que ven que nosotros hacemos.
La perspectiva de género permite justamente desnaturalizar el vinculo entre sexos, para reponer las condiciones políticas que hacen posible comprender las formas de construcción de lo femenino y lo masculino, las representaciones dominantes en cada caso y de cómo atraviesan nuestros modos de hacer y pensar.
A lo largo de la historia, la iglesia, la familia, la escuela, los medios de comunicación, entre otros, han contribuido en la construcción de estereotipos de género a través de creencias, modos de nombrar, configuración de las relaciones sociales y de las formas de ejercicio del poder, estableciendo jerarquías a varones y a mujeres desde muy pequeños. Jerarquías que han cobrado mayor o menor institucionalidad, pero han sido igualmente eficaces para quebrantar deseos, interrumpir proyectos, secuestrar oportunidades, en especial al grupo de las mujeres.
Frente a las luchas y conquistas de las mujeres en el plano familiar, social, laboral, así como en la mejora del desempeño escolar, surgen discursos y acciones ligados a una nostalgia moralizante del tiempo pasado que disparan con estrategias victimizantes. Por un lado, plantean la victimización de la familia, de su crisis, del peligro de su disolución, cuando en realidad lo que no toleran es el protagonismo de la mujer en la vida social. Pero también hay quien victimiza a los “pobres muchachitos”. Basta recordar al diputado mendocino Rogelio Gil que hace un par de años pretendía justificar los casos de presuntos abusos sufridos por un grupo de chicas en Potrerillos para el día del estudiante. “Lo que pasó no es tan así, los chicos tienen que huir de las chicas”, explicaba con ironía, agregando que el lo entendía como actitudes provocativas de las adolescentes. “"A lo mejor nosotros los varones vamos a tener que comenzar un movimiento pro-varonil: en el mundo moderno, vamos a quedar afuera".<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]-->
En mi experiencia como director de una escuela secundaria en la provincia de Buenos Aires recuerdo a más de un profesor que consideraba a las alumnas en inferioridad de condiciones naturalizando así las calificaciones diferenciadas, Recuerdo en particular a un profesor, con prestigio entre las familias y los ex alumnos. Enseñaba Física. Dato no menor, puesto que se ha constatado que es en asignaturas como esta donde se observa más segregación a las alumnas. Entonces parecería que existen ciencias “duras” para ellos y “blandas” para ellas. A tal efecto, no es menor el dato del predominio masculino en las escuelas técnicas, actualmente, por suerte, con matricula femenina en ascenso.
“Robert Connell señaló que tanto la tecnología como la ciencia occidental están culturalmente “masculinizadas”. Sostuvo que más allá del hecho de que la mayoría de científicos sean hombres, el sesgo de género se encuentra en el tipo de discurso impersonal de la ciencia y en las estructuras de poder de ámbitos académicos. “<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]-->
En el universo adulto de la escuela la proporción de hombres es muy baja, aunque al igual que en el mundo del trabajo mientras se va ascendiendo en la escala jerárquica se produce el efecto inverso. Para revisar las relaciones escolares de género es interesante explorar las maneras en que se construye la masculinidad. Y más aun en una sociedad en que la escuela ha perdido el lugar de monopolio del saber y debe compartir escena con otros mediadores educativos, especialmente los medios de comunicación, y todas las variantes de la cibercultura.
Podemos plantear distintos modelos de masculinidad. Por un lado, la TV (niños, niñas y adolescentes consumen muchísimas horas) en la que prevalece un desfile de deportistas que se “luquean” como modelos publicitarios, periodistas deportivos que intentan lo mismo, conductores “exitosos”, o superhombres que ganan cualquier batalla. Por otro lado, y en especial en el caso de los adolescentes, es muy fuerte el peso del grupo de pares, y en ellos suele cotizar alto la figura masculina del más fuerte, más agresivo, “el que más se la banca”. Y finalmente otra fuente de masculinidad, quizás la más arraigada en el sentido común, es la que considera lo masculino como todo aquello no femenino. Entonces cualquier gesto de sensibilidad, una caricia, un abrazo, su manifestación verbal se traduce en antivalor para ser hombre.
La perspectiva de género, la historia de lucha de tantas mujeres y su notable protagonismo social y político, así como la ambición por construir una sociedad cada vez más igualitaria y más justa, quizás nos permita también explorar otras formas de construcción de masculinidades, que rompa con los estereotipos de modelos “exitosos” del mercado o de la más rancia tradición machista.
Que puedan multiplicarse los hombres comunes y corrientes que se animan a jugar de igual a igual, con quien sea, ofreciendo a los más pequeños una masculinidad que pueda negociarse a gusto de cada quien, leyendo cuentos y diciendo te quiero.
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Columna de Educación del miércoles 9 de Marzo de 2011, en el programa Uno nunca sabe, por las mañanas de la Radio AM 750. Buenos Aires. Argentina.
- Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Docente de la UBA y de la FLACSO. Ex director de escuela secundaria. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.
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<!--[endif]-->
<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]--> Leer noticia completa en http://www.diariouno.com.ar/contenidos/2009/09/24/noticia_0029.html
<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]--> Faur, E. “Masculinidades y desarrollo social. Las relaciones de género desde la perspectiva de los hombres”. Arango Editores, 2004, UNICEF , Colombia
Una escena de domingo, un padre y su hijo. Al día siguiente la escuela, preescolar, Manuel llega con su bolsita celeste, igual que sus amigos, las de las nenas son rosas. Las cuelgan en percheros diseñados por sus maestras, con leones para ellos y flores para ellas.
Lo masculino y lo femenino no es algo que venga dado, aunque algunas de las cuestiones mencionadas parezcan tan naturales como la puesta del sol. Se trata de una construcción que tiene mucha historia y que siempre está condicionada por el contexto en que se vive, el tipo de sociedad y familia de pertenencia, y ciertas circunstancias políticas, sociales y culturales. Que un pibe vaya a la cancha con su papá, que la muñeca sea para una nena, que hay colores o animales para ellos y para ellas, que llorar no es cosa de nenes, son patrones culturales que se van aprendiendo.
En las escuelas existe lo que se conoce como curriculum formal u oficial, es decir un conjunto de conocimientos, valores, habilidades que la escuela tiene que enseñar. Podríamos pensarlo como una norma pública que el Estado tiene que garantizar a la población estudiantil. La ley de Educación sexual (2006) es un ejemplo de norma pública. Otro muy reciente que abarca a toda la sociedad es la ley de matrimonio igualitario (2010). Aunque una como otra sean valiosos y necesarios puntos de partida no garantizan por si solas el cumplimiento de dichas normas. Hay muchas escuelas que por razones religiosas o de otro tipo miran para otro lado, y de educación sexual, bien gracias. También hay jueces que se han resistido a casar personas del mismo sexo.
Pero así como hay cosas que se dicen, se votan, se convierten en leyes, hay muchas otras que no se dicen, de las que no se habla y suelen atar creencias, vivencias y formas de vida con mucha fuerza. En la escuela también existe lo que se conoce como curriculum oculto, que refiere a diversos saberes, normas, valores, acciones que los adultos transmiten cotidianamente sin ser absolutamente conscientes de dicho pasaje. Y justamente en la condición tácita de dicha transmisión reside su mayor eficacia. Allí entonces se ponen en juego y ponderan las desiguales relaciones de poder entre varones y mujeres, padres y madres, pobres y ricos como una cosa natural. Quizás, para comprender mejor esta noción de curriculum oculto en la escuela bien vale la comparación de lo que a uno le sucede como padre en torno a la crianza de sus hijos. Notamos que ellos aprenden no tanto por lo que les decimos que hagan, sino especialmente por lo que ven que nosotros hacemos.
La perspectiva de género permite justamente desnaturalizar el vinculo entre sexos, para reponer las condiciones políticas que hacen posible comprender las formas de construcción de lo femenino y lo masculino, las representaciones dominantes en cada caso y de cómo atraviesan nuestros modos de hacer y pensar.
A lo largo de la historia, la iglesia, la familia, la escuela, los medios de comunicación, entre otros, han contribuido en la construcción de estereotipos de género a través de creencias, modos de nombrar, configuración de las relaciones sociales y de las formas de ejercicio del poder, estableciendo jerarquías a varones y a mujeres desde muy pequeños. Jerarquías que han cobrado mayor o menor institucionalidad, pero han sido igualmente eficaces para quebrantar deseos, interrumpir proyectos, secuestrar oportunidades, en especial al grupo de las mujeres.
Frente a las luchas y conquistas de las mujeres en el plano familiar, social, laboral, así como en la mejora del desempeño escolar, surgen discursos y acciones ligados a una nostalgia moralizante del tiempo pasado que disparan con estrategias victimizantes. Por un lado, plantean la victimización de la familia, de su crisis, del peligro de su disolución, cuando en realidad lo que no toleran es el protagonismo de la mujer en la vida social. Pero también hay quien victimiza a los “pobres muchachitos”. Basta recordar al diputado mendocino Rogelio Gil que hace un par de años pretendía justificar los casos de presuntos abusos sufridos por un grupo de chicas en Potrerillos para el día del estudiante. “Lo que pasó no es tan así, los chicos tienen que huir de las chicas”, explicaba con ironía, agregando que el lo entendía como actitudes provocativas de las adolescentes. “"A lo mejor nosotros los varones vamos a tener que comenzar un movimiento pro-varonil: en el mundo moderno, vamos a quedar afuera".<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]-->
En mi experiencia como director de una escuela secundaria en la provincia de Buenos Aires recuerdo a más de un profesor que consideraba a las alumnas en inferioridad de condiciones naturalizando así las calificaciones diferenciadas, Recuerdo en particular a un profesor, con prestigio entre las familias y los ex alumnos. Enseñaba Física. Dato no menor, puesto que se ha constatado que es en asignaturas como esta donde se observa más segregación a las alumnas. Entonces parecería que existen ciencias “duras” para ellos y “blandas” para ellas. A tal efecto, no es menor el dato del predominio masculino en las escuelas técnicas, actualmente, por suerte, con matricula femenina en ascenso.
“Robert Connell señaló que tanto la tecnología como la ciencia occidental están culturalmente “masculinizadas”. Sostuvo que más allá del hecho de que la mayoría de científicos sean hombres, el sesgo de género se encuentra en el tipo de discurso impersonal de la ciencia y en las estructuras de poder de ámbitos académicos. “<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]-->
En el universo adulto de la escuela la proporción de hombres es muy baja, aunque al igual que en el mundo del trabajo mientras se va ascendiendo en la escala jerárquica se produce el efecto inverso. Para revisar las relaciones escolares de género es interesante explorar las maneras en que se construye la masculinidad. Y más aun en una sociedad en que la escuela ha perdido el lugar de monopolio del saber y debe compartir escena con otros mediadores educativos, especialmente los medios de comunicación, y todas las variantes de la cibercultura.
Podemos plantear distintos modelos de masculinidad. Por un lado, la TV (niños, niñas y adolescentes consumen muchísimas horas) en la que prevalece un desfile de deportistas que se “luquean” como modelos publicitarios, periodistas deportivos que intentan lo mismo, conductores “exitosos”, o superhombres que ganan cualquier batalla. Por otro lado, y en especial en el caso de los adolescentes, es muy fuerte el peso del grupo de pares, y en ellos suele cotizar alto la figura masculina del más fuerte, más agresivo, “el que más se la banca”. Y finalmente otra fuente de masculinidad, quizás la más arraigada en el sentido común, es la que considera lo masculino como todo aquello no femenino. Entonces cualquier gesto de sensibilidad, una caricia, un abrazo, su manifestación verbal se traduce en antivalor para ser hombre.
La perspectiva de género, la historia de lucha de tantas mujeres y su notable protagonismo social y político, así como la ambición por construir una sociedad cada vez más igualitaria y más justa, quizás nos permita también explorar otras formas de construcción de masculinidades, que rompa con los estereotipos de modelos “exitosos” del mercado o de la más rancia tradición machista.
Que puedan multiplicarse los hombres comunes y corrientes que se animan a jugar de igual a igual, con quien sea, ofreciendo a los más pequeños una masculinidad que pueda negociarse a gusto de cada quien, leyendo cuentos y diciendo te quiero.
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Columna de Educación del miércoles 9 de Marzo de 2011, en el programa Uno nunca sabe, por las mañanas de la Radio AM 750. Buenos Aires. Argentina.
- Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Docente de la UBA y de la FLACSO. Ex director de escuela secundaria. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.
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<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]--> Leer noticia completa en http://www.diariouno.com.ar/contenidos/2009/09/24/noticia_0029.html
<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]--> Faur, E. “Masculinidades y desarrollo social. Las relaciones de género desde la perspectiva de los hombres”. Arango Editores, 2004, UNICEF , Colombia
miércoles, febrero 23, 2011
E A T: "Política y ciudadanía"
Gabriel Brener, Carina Kaplan
Hace unos días, desde múltiples voces en los medios de comunicación, se alarmaba a la población con el fantasma del avance de hordas piqueteras, escraches masivos y bandas juveniles graffiteando todas las paredes de la provincia de Buenos Aires. Ello es culpa de la escuela que, desde la materia Política y Ciudadanía que se dictará en todos los secundarios, incitará a los adolescentes y jóvenes a esas formas de rebeldía. La primera señal de alarma parece ser el hecho de que en los programas de estudio figurarán los piquetes, pintadas y escraches como modos de participación social, entre otros. Este razonamiento, si se sigue al pie de la letra, es lo mismo que sostener que, como se enseña que los trabajadores tienen derecho a huelga, amparada en la constitución, los muchachitos saldrán a promover un paro nuestro de cada día. O que no debería enseñarse que los criollos resistieron a la invasión inglesa tirando aceite a los balcones porque ello provocara pandillas juveniles desparramando aceite hirviendo en las terrazas del conurbano. Aunque también es posible que se produzcan matanzas de mapuches en la Patagonia perpetrada por turbas de adolescentes bonaerenses, como consecuencia de su estudio sobre la campaña al desierto.
No hay mejor que la ironía o el humor para poner de relieve y bajo sospecha el espectáculo mediático que se ha montado en torno a la enseñanza de una materia en los secundarios bonaerenses.
Por otro lado alimenta una creencia que asocia de manera lineal y mecánica el tratamiento de un tema con la toma arbitraria de una posición, desconociendo la compleja trama que supone la relación educativa entre un profesor, un contenido y los estudiantes. Así como el valor pedagógico y democrático que significa poner a jugar una multiplicidad de puntos de vista para analizar cualquier tema. Dicha creencia no solo es limitada, sino que falsea y confunde sobre lo que ocurre en las aulas. Además, es una deliberado menosprecio a los alumnos, que lejos de ser un receptor pasivo que repite sin pensar es un adolescente que quiere saber de qué se trata.
No solo es un síntoma saludable que se incorpore ciudadanía y política en la vida cotidiana de las escuelas, sino la confirmación de un tipo de mirada sobre los jóvenes que redobla la apuesta en ellos, ubicándolos en un lugar de sujetos que construyen su propia condición de ciudadanos. A contramano de las miradas estigmatizantes que los congela en el lugar del descontrol y el peligro, o de aquellas que los muestra descreídos, apáticos o los infantiliza por si acaso. Estamos hablando de pibes y pibas de 18 años, que pronto estarán votando, y que además, en muchos casos, transitan adolescencias cargadas de situaciones de la vida adulta, con trabajos precarios, haciéndose cargo de sus hogares, con tempranas maternidades, entre otras tantas responsabilidades prematuras que se imponen por el propio peso de sus realidades.
Sin dudas la creación de este espacio curricular nos advierte que se puede practicar ciudadanía mientras se estudia en la escuela y no solo al egresar de la misma, creencia que subestima a los jóvenes y los clausura o anula en su condición de sujetos políticos.
- Carina Kaplan es Doctora en Educación (UBA), Profesora Titular de la UBA y de la UNLP. Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO).
Columna de Educación del Miércoles 23 de febrero de 2011, en el programa Uno nunca sabe, por las mañanas de la Radio AM 750. Buenos Aires. Argentina.
Hace unos días, desde múltiples voces en los medios de comunicación, se alarmaba a la población con el fantasma del avance de hordas piqueteras, escraches masivos y bandas juveniles graffiteando todas las paredes de la provincia de Buenos Aires. Ello es culpa de la escuela que, desde la materia Política y Ciudadanía que se dictará en todos los secundarios, incitará a los adolescentes y jóvenes a esas formas de rebeldía. La primera señal de alarma parece ser el hecho de que en los programas de estudio figurarán los piquetes, pintadas y escraches como modos de participación social, entre otros. Este razonamiento, si se sigue al pie de la letra, es lo mismo que sostener que, como se enseña que los trabajadores tienen derecho a huelga, amparada en la constitución, los muchachitos saldrán a promover un paro nuestro de cada día. O que no debería enseñarse que los criollos resistieron a la invasión inglesa tirando aceite a los balcones porque ello provocara pandillas juveniles desparramando aceite hirviendo en las terrazas del conurbano. Aunque también es posible que se produzcan matanzas de mapuches en la Patagonia perpetrada por turbas de adolescentes bonaerenses, como consecuencia de su estudio sobre la campaña al desierto.
No hay mejor que la ironía o el humor para poner de relieve y bajo sospecha el espectáculo mediático que se ha montado en torno a la enseñanza de una materia en los secundarios bonaerenses.
Por otro lado alimenta una creencia que asocia de manera lineal y mecánica el tratamiento de un tema con la toma arbitraria de una posición, desconociendo la compleja trama que supone la relación educativa entre un profesor, un contenido y los estudiantes. Así como el valor pedagógico y democrático que significa poner a jugar una multiplicidad de puntos de vista para analizar cualquier tema. Dicha creencia no solo es limitada, sino que falsea y confunde sobre lo que ocurre en las aulas. Además, es una deliberado menosprecio a los alumnos, que lejos de ser un receptor pasivo que repite sin pensar es un adolescente que quiere saber de qué se trata.
No solo es un síntoma saludable que se incorpore ciudadanía y política en la vida cotidiana de las escuelas, sino la confirmación de un tipo de mirada sobre los jóvenes que redobla la apuesta en ellos, ubicándolos en un lugar de sujetos que construyen su propia condición de ciudadanos. A contramano de las miradas estigmatizantes que los congela en el lugar del descontrol y el peligro, o de aquellas que los muestra descreídos, apáticos o los infantiliza por si acaso. Estamos hablando de pibes y pibas de 18 años, que pronto estarán votando, y que además, en muchos casos, transitan adolescencias cargadas de situaciones de la vida adulta, con trabajos precarios, haciéndose cargo de sus hogares, con tempranas maternidades, entre otras tantas responsabilidades prematuras que se imponen por el propio peso de sus realidades.
Sin dudas la creación de este espacio curricular nos advierte que se puede practicar ciudadanía mientras se estudia en la escuela y no solo al egresar de la misma, creencia que subestima a los jóvenes y los clausura o anula en su condición de sujetos políticos.
- Carina Kaplan es Doctora en Educación (UBA), Profesora Titular de la UBA y de la UNLP. Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO).
Columna de Educación del Miércoles 23 de febrero de 2011, en el programa Uno nunca sabe, por las mañanas de la Radio AM 750. Buenos Aires. Argentina.
miércoles, febrero 16, 2011
E A T: “Cámara Pinamar” por el Lic. Gabriel Brener
Por Gabriel Brener *
Un boliche de Pinamar ha lanzado un nuevo producto al mercado: en palabras de un informe periodístico: “se trata de una suerte de "cámara Gesell", instalada en el VIP del local bailable, destinada a que los padres de los adolescentes que concurren a la matiné puedan ver cómo se divierten sus hijos, de 13 a 16 años, entre las 20 y las 24. La medida comenzó a aplicarse esta temporada. Para que los padres de los adolescentes no teman por la seguridad de los menores que quieran salir a bailar, el boliche Kú decidió transformarse y permitirles la entrada. Pero sin que sus hijos los vean”. La periodista Luciana Peker lo relata en una muy buena nota publicada por Pagina 12, “Vigilar y veranear”
No es mi intención demonizar al mercado, tampoco creer que el problema está en algunos de sus productos (por más sofisticados que parezcan), sino en poner atención en ciertos valores asociados a ellos que suelen transformarse en pautas de acción para las personas. Nos orientan en los modos de vestirnos, de hablarnos, de asegurarnos y especialmente de relacionarnos. Es que formamos parte de una sociedad que viene de ser arrasada por el fundamentalismo de mercado de los `90 como único modo de regulación social, en la que el consumo se transformó en religión y las demandas de seguridad siguen rankeando muy alto en cualquier encuesta. Y por allí gambetea el marketing de la inseguridad con su “mejor producto”, como único y más eficaz modo de combatir los riesgos y excesos a los que se exponen los más jóvenes. Intranquilidad de los padres que el espectáculo mediático a menudo convierte en pánico, al compás de una sociedad en estado de miedomabiente.
Dice el dueño del boliche “Así ven cómo se divierten los chicos, es algo muy armónico y contenedor. Es algo muy positivo", y agregó: "El tema es culturizar, y sembrar un granito de arena para mejorar este tema con buena energía".
Dicen algunos/as adolescentes”no me gusta porque no confían en nosotros”, “no nos dejan estar libres”.
El “Gran Hermano” de la matiné expresa de manera astuta pero también degradante una peculiar idea de protección de los padres hacia los hijos. Controlar no es ni mala palabra ni lo contrario a cuidar. La cosa se complica especialmente cuando la única forma de cuidado está ligada al control.
"Se puede observar cómo se divierten los chicos sin que los chicos se sientan observados", sostiene Gustavo Palmer, dueño del boliche. Aunque su intención sea netamente comercial, aquello que se promociona como el último grito de la pedagogía parental no es otra cosa que una versión tecnológica del panóptico de J. Bentham. Un invento arquitectónico que tiene más de dos siglos a través del cual se podía vigilar a los presos en las cárceles sin que estos advirtieran desde donde eran observados. Dispositivo que resultó muy útil para el disciplinamiento en otras instituciones como fábricas, escuelas, etc.
Algunas personas suponen que espiar a su hijo/a sin ser visto por el o ella aumenta la probabilidad de su “seguridad”. Yo pienso que es una relación inversamente proporcional. Esas personas quizás piensan que se trata de una especie de seguro contra terceros (porque contra todo riesgo ya ni el mercado ofrece). Lo que parece más seguro es que al igual que con un auto, estemos ubicando a nuestro hijo en el lugar de objeto al que solo hay que controlar, y de esa manera lo despojemos de su condición de sujeto, que nos guste o no irá armando su propio camino, que no es la extensión del nuestro, sino uno propio.
Pareciera que en esta época para muchos la opción es obtener más “seguridad” a costa de perder libertad. Y en tren de pensar en otros modos de cuidar a los adolescentes, me asalta algunas preguntas… quien puede suponer que un pibe que sabe que está siendo observado (y nada menos que por sus padres) va a actuar naturalmente. Más bien podríamos imaginar que si ya posee un celular al estilo “louyac”( avance más que eficaz si nos remontamos unos años atrás) entonces saldrá en búsqueda de otros sitios sin vigilancias, para preservar su espacio de libertad, por más pequeño que sea.
La cosa estaría mejor si el control, que sin dudas es necesario, lo combinamos con otros ingredientes que escasean bastante en el mercado de los vínculos padres- hijos: más y mejor diálogo, confianza, respeto, pero también aprender a bancarnos lo incierto, lo inesperado, que es constitutivo de las nuevas generaciones.
Para ampliar información puede leerse la nota y ver informe del informativo de Telefé (24/01/2011)
Columna de Educación del lunes 14 de Febrero de 2011, en el programa Uno nunca sabe, por las mañanas de la Radio AM 750. Buenos Aires. Argentina.
* Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.
Un boliche de Pinamar ha lanzado un nuevo producto al mercado: en palabras de un informe periodístico: “se trata de una suerte de "cámara Gesell", instalada en el VIP del local bailable, destinada a que los padres de los adolescentes que concurren a la matiné puedan ver cómo se divierten sus hijos, de 13 a 16 años, entre las 20 y las 24. La medida comenzó a aplicarse esta temporada. Para que los padres de los adolescentes no teman por la seguridad de los menores que quieran salir a bailar, el boliche Kú decidió transformarse y permitirles la entrada. Pero sin que sus hijos los vean”. La periodista Luciana Peker lo relata en una muy buena nota publicada por Pagina 12, “Vigilar y veranear”
No es mi intención demonizar al mercado, tampoco creer que el problema está en algunos de sus productos (por más sofisticados que parezcan), sino en poner atención en ciertos valores asociados a ellos que suelen transformarse en pautas de acción para las personas. Nos orientan en los modos de vestirnos, de hablarnos, de asegurarnos y especialmente de relacionarnos. Es que formamos parte de una sociedad que viene de ser arrasada por el fundamentalismo de mercado de los `90 como único modo de regulación social, en la que el consumo se transformó en religión y las demandas de seguridad siguen rankeando muy alto en cualquier encuesta. Y por allí gambetea el marketing de la inseguridad con su “mejor producto”, como único y más eficaz modo de combatir los riesgos y excesos a los que se exponen los más jóvenes. Intranquilidad de los padres que el espectáculo mediático a menudo convierte en pánico, al compás de una sociedad en estado de miedomabiente.
Dice el dueño del boliche “Así ven cómo se divierten los chicos, es algo muy armónico y contenedor. Es algo muy positivo", y agregó: "El tema es culturizar, y sembrar un granito de arena para mejorar este tema con buena energía".
Dicen algunos/as adolescentes”no me gusta porque no confían en nosotros”, “no nos dejan estar libres”.
El “Gran Hermano” de la matiné expresa de manera astuta pero también degradante una peculiar idea de protección de los padres hacia los hijos. Controlar no es ni mala palabra ni lo contrario a cuidar. La cosa se complica especialmente cuando la única forma de cuidado está ligada al control.
"Se puede observar cómo se divierten los chicos sin que los chicos se sientan observados", sostiene Gustavo Palmer, dueño del boliche. Aunque su intención sea netamente comercial, aquello que se promociona como el último grito de la pedagogía parental no es otra cosa que una versión tecnológica del panóptico de J. Bentham. Un invento arquitectónico que tiene más de dos siglos a través del cual se podía vigilar a los presos en las cárceles sin que estos advirtieran desde donde eran observados. Dispositivo que resultó muy útil para el disciplinamiento en otras instituciones como fábricas, escuelas, etc.
Algunas personas suponen que espiar a su hijo/a sin ser visto por el o ella aumenta la probabilidad de su “seguridad”. Yo pienso que es una relación inversamente proporcional. Esas personas quizás piensan que se trata de una especie de seguro contra terceros (porque contra todo riesgo ya ni el mercado ofrece). Lo que parece más seguro es que al igual que con un auto, estemos ubicando a nuestro hijo en el lugar de objeto al que solo hay que controlar, y de esa manera lo despojemos de su condición de sujeto, que nos guste o no irá armando su propio camino, que no es la extensión del nuestro, sino uno propio.
Pareciera que en esta época para muchos la opción es obtener más “seguridad” a costa de perder libertad. Y en tren de pensar en otros modos de cuidar a los adolescentes, me asalta algunas preguntas… quien puede suponer que un pibe que sabe que está siendo observado (y nada menos que por sus padres) va a actuar naturalmente. Más bien podríamos imaginar que si ya posee un celular al estilo “louyac”( avance más que eficaz si nos remontamos unos años atrás) entonces saldrá en búsqueda de otros sitios sin vigilancias, para preservar su espacio de libertad, por más pequeño que sea.
La cosa estaría mejor si el control, que sin dudas es necesario, lo combinamos con otros ingredientes que escasean bastante en el mercado de los vínculos padres- hijos: más y mejor diálogo, confianza, respeto, pero también aprender a bancarnos lo incierto, lo inesperado, que es constitutivo de las nuevas generaciones.
Para ampliar información puede leerse la nota y ver informe del informativo de Telefé (24/01/2011)
Columna de Educación del lunes 14 de Febrero de 2011, en el programa Uno nunca sabe, por las mañanas de la Radio AM 750. Buenos Aires. Argentina.
* Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.
lunes, febrero 07, 2011
E A T: El mercado aprovecha y llena las góndolas de seguridad
Por Gabriel Brener *
Lejos de mejorar la comunicación y el diálogo, estas reinvenciones tecnológicas (que sólo le divierten al dueño del boliche) pone al descubierto esa idea del cuidado de un hijo solo como un asunto de control en el que el mercado aprovecha y va llenando las góndolas de productos destinados al rubro “seguridad”. Mientras que espiar sin ser descubierto no hace otra cosa que tensar el hilo de la desconfianza, con todo lo deshonesto y peligroso que supone estos ingredientes en el vínculo con nuestros hijos.
Este nuevo dispositivo para que los padres vigilen a sus hijos no tiene nada de novedoso. Michael Foucault en su Vigilar y Castigar ya lo explicaba de manera elocuente con el panóptico de Bentham: un dispositivo arquitectónico para vigilar a los presos en las cárceles sin que éstos advirtieran sobre el ojo vigilante. Este criterio fue incorporado en otras instituciones (escuelas, hospitales, etcétera) para optimizar el control de las personas a través de su distribución en el espacio físico.
Sabemos que no es nada fácil el diseño y (en especial) el cumplimiento de las reglas en la relación con los adolescentes, se trate de la escuela, de las familias, etcétera. Nos guste o no (como sostiene el sociólogo Marcelo Urresti) en estos tiempos, los jóvenes parecen estar subsocializados por sus padres y sobresocializados por los medios audiovisuales estructurados como un restaurante a la carta.Lejos de mejorar la comunicación y el diálogo, estas reinvenciones tecnológicas (que sólo le divierten al dueño del boliche) pone al descubierto esa idea del cuidado de un hijo solo como un asunto de control en el que el mercado aprovecha y va llenando las góndolas de productos destinados al rubro “seguridad”. Mientras que espiar sin ser descubierto no hace otra cosa que tensar el hilo de la desconfianza, con todo lo deshonesto y peligroso que supone estos ingredientes en el vínculo con nuestros hijos.
* Licenciado en Educación, especialista en gestión de las instituciones educativas y coautor de Violencia escolar bajo sospecha, de Editorial Miño y Dávila.
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